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Dolarización: un comentario de Javier Milei desató el debate sobre qué moneda tiene que usar la Argentina

La posibilidad de adoptar la moneda estadounidense para su uso en transacciones económicas dentro del país resurge cada tanto; tendría ventajas y desventajas.

 

"La historia nos muestra que hemos sido indisciplinados y la dolarización es un maestro exigente", dice el economista Alfredo Romano

 

Cada tanto resurge en la Argentina la discusión sobre la conveniencia de dolarizar la economía, es decir, adoptar la moneda estadounidense para su uso en transacciones dentro del país. La idea, que esta vez fue planteada por el diputado Javier Milei como un eventual programa de gobierno, se presenta como una solución, en principio, porque elimina la inflación y la capacidad de emitir pesos, lo que obligaría a los políticos argentinos a poner las cuentas fiscales en orden.

 

Pero la receta no es mágica y tiene una serie de desventajas, además de que su sola aplicación tampoco alcanzaría a resolver todos los problemas, según otros expertos.

 

El economista Alfredo Romano escribió un libro llamado “Dolarizar, un camino hacia la estabilidad económica”. Allí plantea que, si bien la dolarización no es el único camino para resolver los problemas económicos de la Argentina, para él es el mejor acompañado de una reforma fiscal pro inversión, una reforma laboral y una reforma del comercio para exportar más.

 

“En los años que tiene la Argentina de existencia solo tuvimos ocho de superávit fiscal y a nivel monetario solo ocho años de inflación de un dígito desde la creación del Banco Central en 1935, dejando de lado lo que fue el menemismo. La historia nos muestra que hemos sido indisciplinados y la dolarización es un maestro exigente. Es un profesor inteligente que te demanda una dinámica de política económica distinta. Esa es la principal razón por la que pienso que la dolarización sería el camino más exitoso para el país y agrego algo más: sería la primera política económica de Estado respetable en el tiempo porque es muy difícil volver de eso”, afirmó Romano en diálogo con LA NACION.

 

Sin embargo, que no sea fácil volver de una dolarización es justamente una de las razones que esgrimen los que se oponen a esa idea.

 

 

“La dolarización no evitaría el problema de inflación, lo reduciría. Pero podría ocurrir que, a raíz de una fase muy expansiva de ingreso de capitales, la economía se expandiera mucho y los salarios crecieran mucho haciendo que el país termine estando caro porque los precios crecieron más que la productividad y ahí no tenés el instrumento del tipo de cambio para corregirlo. Lo tenés que corregir con una deflación, que son lentas y que no te eliminan los problemas financieros”, explicó Martín Rapetti, director ejecutivo de Equilibra.

 

Otra desventaja, según él, sería que, si se deja de emitir, se pierden los beneficios del señoreaje. “El Estado recauda porque la gente usa su moneda. Si crece la demanda de esa moneda, eso le permite al Banco Central emitir y tener recursos. Hablamos de entre US$1000 y US$1500 millones por año, que no es poca plata”, continuó Rapetti.

Una tercera desventaja sería que al no tener una moneda propia se pierde la función del Banco Central como prestamista de última instancia cuando los sistemas bancarios tienen problemas de liquidez.

 

“La dolarización es tentadora porque no serías capaz de emitir, pero tenés estas trampas que hacen que no sea una buena idea. Hay que bajar la inflación con un programa de estabilización e instituciones serias. No hay atajo”, cerró el economista.

 

Otra opción es la que la plantea uno de los padres de la convertibilidad: el abogado Horacio Tomás Liendo, que propone que el país incorpore el dólar como moneda de circulación legal para que conviva con el peso y, de esta forma, se asuma el problema de la economía bimonetaria.

 

 

“Hay que declarar el curso legal del dólar, derogar el régimen penal cambiario, eliminar el cepo, derogar el impuesto solidario y a los créditos y débitos, limitar la facultad del Banco Central de emitir pesos y dejar que cotice libremente. Es decir, reducir a cero el costo transaccional entre pesos y dólares. Ese sería el eje de una política económica de signo opuesto a la actual, como fue la convertibilidad para el plan de desarrollo de los ´90″, opinó.

 

Más allá de esto, la economista y directora ejecutiva de la consultora EcoGo, Marina Dal Poggetto, recordó que esa década terminó en la crisis de 2001 cuando se rompieron todos los contratos.

 

“Dolarizar es un ancla cambiaria que reduce la inflación, pero te condena a tener shocks que no son tuyos. Además, con el desequilibrio fiscal que hay, la distorsión de precios y las escasas reservas del Banco Central ¿A cuánto dolarizás con la cantidad de pesos emitidos y los pocos dólares que hay? Primero tenés que recontra licuar los pesos, lo que te dispara la inflación. Plantearlo como una panacea es peligroso”, concluyó.

 

Por María Julieta Rumi